Feto

Hago ruido en donde el sonido, esa bala del rifle de aquella sirena ya no llega a tocar mi aire, y su cuerpo se pierde entre la neblina y los colores que quedan cuando se van acabando los colores de la tarde. Escondo mi pistola, le tapo la boca porque su ruido sería capaz de despertar a todos los que duermen cuando yo despierto, tan solo la sirena me sigue viendo, la vieja, vieja cara que nunca cambia, la sirena que siempre espera porque sabe que tengo momentos en los que desearía ser también como ella, tener una cola y no entender sobre este mundo, desaparecer entre el agua y no tener piernas sino una cola con escamas. Es tarde y la sirena sigue viéndome mientras yo acostada sigo escuchando ronquidos que me llegan de alguno de los que duerme. El sueño no se hizo para las escopetas, eso lo saben las sirenas, pero yo me tapo la boca, pongo mis manos debajo de mi cuerpo en la cama o me envuelvo entre mis brazos como un feto que no quiere ser sirena ni tener una cola, no quiere saber de lagrimas ni de orgasmos, un feto que no llega a los treinta años y sigue sin entender cómo funciona el mundo y por qué. Hago ruido para no escuchar a la sirena y ella me ve, se queda en su lugar viéndome sin decirme nada, vuelve a disparar, esta vez apunta a mis piernas, y yo, feto, no puedo envolverme en mi cuerpo.

Categorías:Guatemala, letras, paolarivera, poesia

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