Las dos conciencias

A veces el “no poder” viene del “no deber”. A veces es más fácil dejar las cosas porque una cierta parte de algo nos incomoda y las dejamos sin profundizar. A veces no se trata de nosotros, se trata de las cosas con las que hemos crecido, ideas que nos han sido inculcadas y que están tan metidas en nosotros que terminamos aceptándolas y sintiendo la necesidad de hacer las cosas bien para que los ojos de otros, especialmente los ojos de esos a los que no queremos hacer daño, no nos hagan daño a nosotros.

La conciencia siempre dice lo que no se quiere escuchar. Si  se hace algo sabiendo que no debe hacerse, hay cierta satisfacción, pero atormentan los pensamientos del por qué lo hice. Si no se hacen esas cosas, de igual manera te atacan los pensamientos de por qué no lo hiciste.

¿Existe tal cosa como la conciencia buena y la conciencia mala? A veces me encuentro discutiendo con mi conciencia, me doy cuenta de que no necesariamente es la conciencia mala, también peleo con la conciencia buena, después generalmente me atacan los pensamientos, el remordimiento de pelear con la conciencia buena. Digamos que la buena es B y la mala es M. Cuando no hago algo bien, rápidamente me llega el castigo lento de los pensamientos que me hace pensar que debí haberlo hecho mejor. Esa conciencia golpea fuerte y ridiculiza cualquier excusa que pueda tener para defenderme. Las excusas que le doy no son más que cosas que no valen la pena comparado con los argumentos que ella presenta; me desvela y me pone preguntas en la cabeza como ¿por qué no ayude a la señora con la cesta?, ¿por qué no le di paso al de la bicicleta?, etc. Ahora hablemos de la conciencia M, ¿hasta qué punto puede llamarse conciencia y no rebeldía?, pero si fuera rebeldía estoy segura de que la rebeldía no acepta excusas: llega, hace y deshace lo que no le guste sin importarle la conciencia B. En cambio lo que a veces me sucede es diferente. A veces me ataca la conciencia M porque no me decido a hacer esos actos de rebeldía, no soy lo suficientemente rebelde, muchas veces soy tan cobarde y prefiero callar la boca de la conciencia B pero después empiezo a escuchar las platicas de la conciencia M. Nunca son regaños, nunca me dice que debí haber hecho algo. Son platicas, como las que se tiene con un amigo, con un confidente que de cuando en cuando te abre los ojos sin que suene como el sermón que nos dan nuestros padres. La pregunta de si soy una rebelde o no retumbó en mi cabeza cuando leía el capítulo sobre Kafka. Se necesita coraje para hacer actos de rebeldía y yo tengo a las dos conciencias hablando todo el tiempo. La conciencia B y la conciencia M pero, ¿existe de verdad tal cosa? Una conciencia que actúa en contra de las cosas que sabemos están mal y una en contra de las cosas que sabemos están mal pero aún así queremos hacerlas por alguna razón desconocida.

Muchos de nosotros buscamos siempre la aprobación de alguien más, incluso nuestra propia aprobación, la cual es la más difícil de llegar a conceder. Cada uno tiene sus propios estándares que ha ido formando con el transcurso del tiempo. Nadie puede ser más exigente con uno mismo que uno mismo. Leyendo el capítulo sobre Kafka, me hizo darme cuenta que muchas veces también queremos la aprobación de las personas que, quizá, más nos importan, más amamos y más nos aman. El amor de padres es incondicional, o dice serlo, no es en todos los casos, pero muchos hemos nacido y crecido con padres que nos han dado todo lo necesario y más de lo que necesitamos. Cuando llegamos al punto de querer salirnos un poco de la raya y enseñar lo que en realidad somos, viene la vergüenza si sabemos que lo que en realidad somos no está a la altura de lo que nuestros padres u otras personas han pensado de nosotros. Me pareció muy interesante el párrafo en el que dice «Michel Carrouges tiene razón al insistir en el valor poético de la frase final. El mismo Kafka le dio otro sentido en una carta al fiel Max Brod:¿Sabes —le dice— lo que significa la frase final? Pensé al escribirla en una fuerte eyaculación.» Esto me hizo preguntarme en cómo se siente una prostituta cuando su cara, su cuerpo, ella, está llena de esa eyaculación y cómo se siente el que eyacula encima de ella. Una victoria, una derrota, ¿para quién? «La frase releída expresa la soberanía del goce, el deslizarse supremo del ser en la nada que los otros representan para él.» Cuando se ha tratado tanto de pertenecer a algo que al final terminamos detestando por el mismo hecho de saber que somos algo ajeno a eso que queremos pertenecer, ya nada importa, y nada expresa mejor el momento de deshacerse de todo lo que nos une o nos desune con la tierra y todo lo que en ella existe que ese momento de eyaculación, el momento de expulsión de lo que somos, de lo que no somos, de lo que queremos, de lo que deseamos, de lo que nos ha sido impuesto, de lo que nunca hemos aceptado y de los que nunca nos han aceptado.  No somos nada, pero ¿quién es algo? Nadie, nada.

No sé si muchos de ustedes se han preguntado esto, yo me lo pregunto todo el tiempo. Tengo dos conciencias, con nombres diferentes y con actitudes paralelas. Una parece una línea recta y la otra más bien da círculos en su propia esfera. Al final, las dos son lineas pero toman formas tan diferentes. Me pregunto qué pasaría si hubieran más cobardes o menos cobardes. Si todos escucharan la conciencia B o si todos escucharan únicamente la conciencia M. Supongo que el mundo sería diferente. Supongo que habrían más personas rayando paredes, cosa que no hago porque la conciencia B me dice que no debo hacerlo, las paredes blancas le gustan, o de cualquier color, supongo que no importa mientras no tengan rayones que no deben ser. Tantas reglas impuestas por esta conciencia B y tantas reglas por romper de las que me habla la conciencia M.

Me he dado cuenta que cuando hablamos de arte es como meternos en mundos diferentes. Cada cabeza es un mundo y todo lo que tenga que ver con las artes es como entrar en cada mundo que el artista ha creado; por eso siento que la literatura está hecha de tantos mundos y es posible que nos identifiquemos con unas ramas más que con otras, con ciertos escritores más que con otros. Hace algún tiempo leí El retrato de Dorian Gray que me hizo pensar mucho sobre este ensayo. Creo que ese libro es una magnifica representación de lo que intento decir. Muchos de los escritores se pasan la vida batallando en su interior. Creo que en sí, todos los artistas tienen estas batallas internas, creo que cada uno sufre de una forma diferente y es que hay que sufrir, hay que sangrar, hay que tener batallas aunque no se tenga un tema de guerra, un artista debe conseguir sus propias batallas y aprender a vivir con ellas. Creo que por eso se escucha tanto sobre escritores de la historia que se han suicidado o que han terminado de una forma que a muchos les aterra. El arte no es un camino vivo. Creo que cuando se entra en este mundo, de hecho se sabe que alguien lleva algo muerto dentro. No tengo nada en contra de los escritores o artista que no tienen estas batallas interiores pero, no conozco a ningún artista que no las tenga. En mi caso las batallas interiores me las da la conciencia. Es como lo explicaba en los párrafos anteriores, hay dos conciencias, una que te hace querer hacer el bien y otra que te reprocha por no hacer las cosas que no están bien en sus ojos, pero que te darían una satisfacción propia, luego de eso, si hacemos lo que nos dice la conciencia M entonces sentimos un cierto alivio pero no es suficiente y se ahoga con la culpabilidad. Son esa clase de cosas las que te hacen pensar y pensar y te mantienen despierto en la noche y necesitas un papel para decir algo.
Ninguno de los que ha escogido dedicarse a la literatura puede ser enteramente bueno, por eso se batalla tanto entre cada decisión que se toma, entre cada etapa que se vive, «Pero si el malvado no siente horror ante el mal, si lo realiza por pasión, entonces… el mal se convierte en un bien.» Si bien es cierto que no todo lo que se escribe es parte de una biografía personal, también es cierto que todo lo que escribimos lleva una parte de nosotros que queda impregnada, quizá escondida con mucha sutileza. No creo que los escritores sean personas malvadas, creo que todo el mundo lo es, ¿por qué iba a ser diferente para un escritor?, el escritor tiene la habilidad de escribirlo y muchas veces esconder lo que todos quieren leer de ellos mismos en otras historias porque ellos no han podido escribirlas.

Basado en La Literatura y El Mal.

 

Categorías:Uncategorized

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