La Gran Vía

Escucho a Janacek y recuerdo la primera vez que lo escuché. Sigue causándome un escalofrío en la espalda y pienso en la que era en ese entonces. Han pasado dos años.

Llegué a España un nueve de septiembre con una maleta grande y una mochila en mi espalda. Converse negros y sin un mapa. La dirección del hostal en donde me hospedaría los siguientes 5 días la tenía escrita en uno de los papeles que llevaba en la mochila. Compré cien euros en el aeropuerto. Tomé un taxi y recuerdo haber sentido miedo al subirme. Era la primera vez que me encontraba completamente sola en un país extraño y desconocido. La primera vez sola en otro continente, sin comunicación con nadie, sin idea de lo que había hecho para llegar allí, sin nadie en este país a quien correr cuando tuviera problemas.

–A la calle hortaleza —le dije al taxista, pero no me escuchó o no me entendió, entonces le di el papel con la dirección escrita.
—Número —me dijo. Nerviosa empecé a revisar el papel de la reservación como si fuera una pregunta de vida o muerte. Estaba agitada, nerviosa y asustada.
—Diecinueve —le dije lo más rápido que pude.

Hortaleza diecinueve. Recuerdo la calle y el número, no podría olvidarlo. Al llegar, el taxista bajó mi maleta y yo me puse la mochila en mi espalda. Ahora sí que estaba en la ciudad. Vi a mi alrededor, gente caminando, aire nuevo del que hasta ese momento, no había sido consciente. Vi el número 19 en el edificio. Tenía que subir al quinto piso.

Después de haber entrado en mi cuarto, saqué mi cargador, que no funcionaba en las entradas europeas. Salí a la recepción, el chico del mostrador tenía un adaptador que me prestó. Apenas se cargó mi móvil, llamé a mi mamá. Serían probablemente las siete u ocho de la mañana y estaba despierta, esperando a saber de mí. No podía respirar, pero tampoco podía dejar que ella notara en mi voz algo raro. Entonces le dije que estaba cansada y que me iba a duchar, lo cual hice.

Después de salir de la ducha me acosté en la cama y escuché el silencio de aquella habitación, de la ciudad aparentemente dormida a las tres o cuatro de la tarde, quizá solo era el silencio en mi cabeza. Me puse la ropa y salí a buscar un lugar en donde pudiera desbloquear el iPhone que había traído. No encontré ningún lugar y necesitaba tener internet, necesitaba un móvil para comunicarme, pero más que nada, lo necesitaba porque era la conexión que tenía con las voces de las únicas personas que me importaban. Entré a Movistar en la Gran Vía y no quise comprar un móvil en ese momento pensando que el mío podría desbloquearse y no quería gastar mi dinero. Entonces regresé caminando a mi hostal, había personas en todos lados, caminando en mi dirección y en dirección opuesta. Había comida nueva por probar y tenía la ciudad entera para recorrer. Pero volví a mi cuarto y me senté en la cama, escuchando el silencio, con el móvil caliente en mi mano por estar enchufado. Me acosté y me hice un ovillo pensando en la diferencia de horario. Después de haber estado dormida por algunas horas, me desperté con hambre. Salí a buscar comida con mi iPod en la mana y piezas de Janacek. El próximo año serán tres y me preguntó quién será la que escriba entonces y cómo se sentirá de la que escribe hoy esto.

Categorías:Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s